Primeros Auxilios para un Matrimonio Herido

1 May 2018

 

Publicación autorizada del libro "Primeros Auxilios para un Matrimonio Herido", de Marilyn Phillips

 

PREFACIO

 

Mi cónyuge Michael y yo tenemos un matrimonio que ha sido restaurado por el poder de Jesús. Hace solo algunos años estábamos a punto de divorciarnos y Michael estaba planeando casarse con otra persona.

Los consejeros no nos daban ninguna esperanza, nuestro pastor estaba convencido de que realmente nuestro matrimonio había terminado y otros hermanos me aconsejaban que recogiera los pedazos que me quedaban y me dedicara a hacer mi propia vida.

Toda esta confusión fue el principio de un lapso de aprendizaje para mi vida, durante el cual pude darme cuenta de la fidelidad y el poder de Dios. Cuando la palabra de Dios declara algo, Dios está preparado para respaldarla con poder y gloria. La Palabra no hubiera dicho que “ningún hombre se separe” si el poder de Dios no fuera capaz de restaurarlo y sanarlo. El Espíritu Santo me guió paso a paso en mi decisión para nuestro matrimonio. Y Jesús probó una vez más que nada es imposible para ÉL. Nuestro matrimonio fue restaurado y sanado por el poder de Dios y la autoridad de su Palabra.

 

La finalidad de este libro no es la de proporcionar un conocimiento profundo para restaurar tu matrimonio, sino que está orientada a ofrecerte, como lo dice en el título, primeros auxilios para el trauma inicial. Será necesario que procures el apoyo de tu pastor y de otros que oren junto contigo estando de acuerdo. Existen también grupos de apoyo llamados especialmente por Dios para ayudarte en situaciones como esta. Si lo deseas, puedes escribir al domicilio que aparece abajo, para solicitar mayor información sobre estos grupos, o puedes llamar al teléfono que también proporciona.

 

Este folleto se ha escrito para ti. No te des por vencido/a. No te canses de hacer el bien. Que sepas que Dios no hace acepción de personas, lo que hizo por nosotros, está deseoso de hacerlo por vosotros también.

 

En Cristo,

Marilyn Phillips

 

Ministerio Internacional para Matrimonios PO BOX 1040

Littleton, CO 80160 1040, EUA.

(303) 730 3333

 

Contacto en España

Elssy y Roosevelt Montoya (Coordinadores Nacionales)
e-mail: montoya@2equal1.com 
Sitio Web: www.2equal1.com

Fone: 655 02 94 29

 

 

PRÓLOGO

 

Hace unos cuantos años, nadie que conociera las circunstancias de nuestro matrimonio, especialmente sabiendo la clase de hombre que yo era, hubiera soñado alguna vez que alguien así escribiera el prólogo de un libro de sanidad matrimonial. Estaba totalmente convencido de abandonar un matrimonio desastroso. Estaba tan obstinado con la idea de que se me había atrapado con 2 hijos, y uno más en camino... Estaba enamorado (lascivia) de otra mujer (la mejor amiga de Marylin) quien sí me “comprendía”. Estaba totalmente guiado por el amor al dinero, y totalmente atrapado por la pornografía y el alcohol. Era egocéntrico, egoísta y deseaba solamente lo mío. Había hecho un ídolo de mí mismo y mis deseos. (Nota: busca en 2ª de Timoteo 3:2-5, la clase de hombre que allí se describe, “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infectados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. Esa es la descripción del hombre que yo era).

 

Pero….Gloria sea al Señor que tenemos un Dios que es un Dios de FE. Gloria al Señor que aquellos que le sirven, participan de su fe, pueden ver a través de los ojos de la fe y no solo mediante los ojos naturales. Su visión de mí (y de toda la humanidad) era tan diferente de lo que yo era... Era su deseo que yo fuera un hombre de Dios, la clase de hombre descrita en su Palabra. 1ª de Timoteo 3:2-4 habla de un hombre que es “irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso, de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda la honestidad”. Además quiso que Marilyn, quien ya le conocía en una relación de pacto, y yo, tuviéramos el tipo de relación que Adán y Eva tenían antes de la caída, el tipo de relación descrito en Jeremías 32:38-41. Nuestro matrimonio debía ser de un solo corazón y un camino para poder ser bendecidos por ÉL y ser plantados y fructíferos en este mundo.

 

Parece que hubiera sido más fácil para Marilyn reconocer la realidad de las circunstancias. Parece que hubiera sido mejor para ella si se hubiera protegido a sí misma y obrado en pro de sí misma. Sin embargo, esto no fue el camino del Señor. La esencia de lo que le dijo fue que si ella se entregaba completamente a ÉL y a su Palabra, que no habría nada que estorbaría a que ella recibiera todas las bendiciones del pacto que había prometido en su Palabra.

 

Ella sí se entregó completamente a ÉL y a su Palabra y no aceptó la manera del mundo para hacer las cosas. A través de tres largos años, casi sin ser animada por la comunidad cristiana y con absolutamente nada de mi parte, ella estaba determinada y batallaba; aunque a veces fracasó, mostró que tenía un corazón que buscaba a Dios. Este librito le dará una idea de cómo es la batalla que te espera. Pero mayor es el que está en ti (El Señor), que el que está en el mundo. La victoria es tuya. Al vencedor le tocan los despojos. Y en el caso de Marilyn, ella ahora tiene un cónyuge (yo) que está sirviendo a Dios, creciendo en un matrimonio que honra y sirve a Dios.

 

Lo que voy a decir a continuación va a sonar extraño viniendo de mí, pero, por favor compréndelo Marilyn tuvo una tremenda y dura batalla, PERO valía la pena. Yo valía la pena, nuestro matrimonio valía la pena. No dejes que el diablo

destruya, te robe o acabe con tu matrimonio. Tú y tu cónyuge tenéis un propósito divino para vuestro matrimonio, ser una herramienta poderosa para el Señor. No mires al presente desastroso, más bien, mira al corazón de Dios y a su visión de lo que será “…mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” Efesios 3:20.

Michael Phillips

 

PD. Marilyn, te amo y muchas gracias por mantenerte firme a pesar de todas las circunstancias, para que nuestro matrimonio sanara.

 

 

CONTENIDO

 

                    - CHOQUE

                    - DIAGNÓSTICO

                    - DOLOR

                    - PRESIÓN

                    - VISIÓN BORROSA

                    - TERAPIA FÍSICA

 

CHOQUE

 

Cuando Michael me informó por primera vez que había encontrado a alguien más y que deseaba divorciarse, me causó un profundo choque emocional. No podía pensar ni sentir. Andaba como dormida.

Sabía que las cosas no andaban bien entre los dos, pero siempre había considerado que de alguna manera encontraríamos la solución. Después de todo nos amábamos. Éramos cónyuges, las cosas mejorarían el día de mañana.

Repentinamente, sin embargo, todo indicaba que las cosas no mejorarían. Me dijo que no me amaba y que nunca lo había hecho. Dijo que tampoco amaba a los niños y que nunca los había querido. Yo estaba esperando a nuestro tercer hijo así que me sentí atrapada y traicionada. Recuerdo que una noche me senté en la orilla de la bañera del cuarto de baño, llorando con tanta fuerza, que pensé que mi cuerpo se iba a hacer pedazos. Todo se veía negro y sin esperanza.

Michael no aceptaba ver a un consejero, no quería hablar de nada. Todo lo que quería era pasar más tiempo con ella. Me sentí traicionada, abandonada e inútil. Mi autoestima se había derrumbado a lo más bajo que podía caer, y ni siquiera mis “amigos” me ayudaban. Me decían que simplemente me hiciera a un lado y que dejara que fueran felices juntos.

Fui con nuestro pastor y me dijo que no había nada que se pudiera hacer. Me dijo que era una situación muy triste, pero que necesitaba aceptar lo inevitable, Michael decidió finalmente ver a un consejero, ya que alguien le dijo que le convendría más para el juicio, si se comprobaba que había ido a consultar a uno. Después de la primera visita con el consejero, éste recomendó que nos divorciáramos de inmediato para ahorrar tiempo y dinero. Nos dijo que ya había pasado demasiado tiempo para poder ser ayudados.

Luego fui a ver un amigo nuestro que servía al Señor poderosamente, y me dijo que Dios apoyaría el divorcio porque Michael había cometido adulterio. Me dijo también que no sabía que podía hacerse para evitar la ruptura del matrimonio ya que Michael no estaba dispuesto a cooperar.

Finalmente me acerqué a Jesús. Es gracioso ver como damos tantas vueltas, para al final llegar a donde deberíamos haber comenzado.

Jesús me encontró en medio de mis lágrimas y dolor. Me consoló, me amó y luego comenzó a apoyarme con firmeza en mi decisión. ÉL me mostró en su Palabra lo que es su norma para el matrimonio. Hizo a un lado las emociones del momento y me enseñó la verdad.

 

A eso se refiere este libro- LA VERDAD. Si lo que deseas es simpatía y lágrimas, las encontrará por todos lados. La gente llorará por y contigo con mucha facilidad. Si deseas también justificación para no perdonar, también la encontrarás fácilmente. Hay muchas personas que han sido dañadas y que están listas a ponerse de tu lado en lo concerniente a la amargura. Pero, si lo que buscas es la verdad simple y clara, solamente la Palabra de Dios puede darte esto. Al principio será difícil de digerir, pero Jesús ha prometido “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Juan 8:32)”.

Hay poder en la verdad. Hay sanidad en la verdad. Hay restauración en la verdad. Comprende eso ahora mismo. JESÚS QUIERE QUE TU MATRIMONIO SEA SANADO.

Si estás leyendo este libro, supongo que es porque tu matrimonio está en problemas. Quizá también estés en estado de choque. Nunca pensaste que fuera posible. Necesitas ayuda.

En primer lugar, no hay otra salida- tú necesitas a Jesús, si crees que podrás ver tu matrimonio sanado sin la ayuda de ÉL, estás totalmente equivocado/a. Sin Jesús los matrimonios solamente pueden estar torpemente pegados. Siempre llevarán grietas que se romperán a la menor presión. Jesús es el

único que puede sanar un matrimonio dejándolo tan unido que las roturas ni siquiera se noten. De hecho, con Jesús, aquel punto que solía ser el más débil, se vuelve el punto más fuerte. No quedan grietas que puedan afectarnos cuando viene alguna presión.

En este momento, Jesús te ama. Así como eres tú. No necesitas limpiarte para que ÉL te reciba. No necesitas ser bueno/a ni ganar puntos para acercarte a ÉL. ÉL murió en la cruz mientras tú pecabas. Te conoce mejor que nadie. No hay manera de engañarle a ÉL, no necesitas fingir, ÉL conoce tu corazón.

Ahora mismo, necesitas venir a Jesús, rendir tu vida a ÉL. Solamente ÉL puede limpiarte del pecado y poner tu vida en orden. No puedes hacerlo tú solo/a. Si pudieras no estarías metido/a en el problema que estás ahora, ÉL es el único que puede arreglarlo.

Haz esta oración ahora y entrega tu corazón a Jesús:

“Jesús, estoy herido/a. He sido rechazado/a y me siento inútil. He tratado de cambiar por mi cuenta pero no he podido. Estoy cansado/a de inventar excusas, cansado/a de intentar. Reconozco ante ti que soy pecador/a. No puedo limpiarme a mí mismo/a, y tampoco puedo enderezar mi vida por mi propio esfuerzo. Rindo mi vida a ti, Jesús. Te recibo como mi Señor y Salvador. Acepto que tu sangre me limpia de todo pecado. Te entrego el control de mi vida ahora. Ayúdame Señor. Consuélame, enséñame. Te necesito como nunca antes te había necesitado. Soy tu hijo/a, Padre”

Si has hecho esta oración poniendo tu corazón al hacerla, tú has nacido de nuevo por el Espíritu de Dios. Esto significa que la vieja naturaleza, con la cual tú naciste, acaba de morir. Ahora has recibido una nueva naturaleza, la naturaleza de Dios. Esta naturaleza la vas a necesitar para mantenerte firme por la sanidad de tu matrimonio. NO podrás hacerlo solo/a. Vas a requerir del poder de Jesús.

Dios ha escrito una carta de amor especial para sus hijos. Dicha carta contiene instrucciones para cada aspecto de la vida de esta tierra, para cada situación. En su carta de amor, Dios ha expresado su voluntad respecto a ti y cómo puedes llegar a lograrlo. Esa carta de amor es la Biblia.

En el pasado quizá hayas intentado leer la Biblia, pero te parecía que estaba escrita en chino. Eso es porque estabas tú leyendo la correspondencia de otro. Ahora eres un/a hijo/a de Dios y esa carta está dirigida a ti. Ahora podrás comprender lo que Jesús dice porque su Espíritu vive dentro de ti, y ÉL te enseñará todas las cosas. Si acabas de recibira Jesús por primera vez, habrá mucho que aprender. No te sientas abrumado/a. Dios sabe que tú eres nuevo/a. ÉL te guiará suavemente.

Aun si ya hace tiempo que conoces al Señor, todavía hay muchas cosas que necesitas saber. Estás frente a una guerra sin cuartel por tu hogar y tu familia. Eso significa trabajo. No es una situación de pasividad, sino de mucha actividad. Estás por aprender lo que significa ser soldado en el ejército del Señor. Esto es un combate mano a mano, pero gloria a Dios, ÉL ha equipado a sus hijos para la lucha.

Necesitas estar consciente de que tu enemigo, Satanás y sus fuerzas demoníacas desean destruir tu hogar. El enemigo utiliza las circunstancias y a la gente. Es importante que sepas lo siguiente:

 

LA GENTE NO ES TU ENEMIGO

 

LAS CIRCUNSTANCIAS NO SON EL PROBLEMA NO DES ULTIMATUMS

 

Satanás es el amo de las circunstancias. No utilices sus armas para obtener la victoria. Si haces demandas basándote en las circunstancias, el enemigo

va a manipularlas para asegurarse que tú recibas esa oportunidad para llevar a cabo su propósito. Por ejemplo, si tú dices, “si no dejas de hacer eso, te voy a dejar”. Allí el enemigo manipulará las circunstancias para asegurarse que tú recibas la oportunidad de cumplir tu amenaza. Los ultimátums solamente preparan las circunstancias para forzarte a aceptar resultados impíos. En la actualidad hay mucha gente separada que no quería separarse, pero que de repente se vieron atrapados por las palabras de su boca.

Satanás pelea sucio. Él sabe dónde te duele más a ti y utilizará esas cosas para dañarte. Aquél o aquella a quien tú quieres más, tu cónyuge, estará haciendo y diciendo cosas terribles en ese momento. TU CÓNYUGE NO ES TÚ ENEMIGO. Recuerda siempre eso. Tu cónyuge está siendo utilizado por el enemigo para destruir tu hogar. No importa que tu cónyuge sea cristiano y tenga veinte diferentes versículos de la Biblia para explicar lo que él o ella está haciendo. NO ES VOLUNTAD DE DIOS EL QUE TU MATRIMONIO SE DESTRUYA.

 

No importa lo que la gente dice. ¿Qué es los que Dios dice? ¿Qué dice la Biblia?

No importa lo que gente haga. ¿Qué es lo que Dios está haciendo? ¿Qué es lo que la Biblia dice qué tú debes hacer?

Tu hogar está bajo ataque del enemigo. Si ha de sobrevivir a la lucha, debes saber lo que está sucediendo a tu alrededor y cómo combatirlo. El siguiente capítulo te será de mucha ayuda.

 

“Jesús sé que nuestro hogar está bajo ataque del enemigo. Necesito tu ayuda. No sé cómo luchar. No sé qué hacer. Te entrego esta batalla a ti. Enséñame y ayúdame. Yo confío en ti para hacerlo. Amen”

 

DIAGNÓSTICO

 

¿Por qué está sucediendo todo esto? ¿Por qué a ti? ¿Por qué a tu matrimonio? ¿Qué fue lo que hiciste o no hiciste para causar esto?

 

Para comprender la crisis en tu hogar, es necesario que comprendas algunos principios básicos de la Palabra de Dios, la Biblia. Cuando Dios creó por primera vez al hombre y a la mujer, los unió en matrimonio, una relación de pacto.

Un pacto es un acuerdo solemne entre dos partes (expresado mediante promesas sin condicionantes), que hace que estas quedan unidas en una relación profunda y duradera. Lo que realmente significa es que ya no son dos vidas separadas, sino que ahora comparten una misma vida. En la Biblia vemos que Dios hizo pactos con diferentes personas siendo uno de los más notorios el pacto que hizo con Abraham, estableciendo así la nación judía (Génesis 12:1-3). A partir de la muerte y resurrección de Jesús, aquellos que le reciben como su Señor y Salvador, vienen a ser participantes del Nuevo Pacto con Dios (Hebreos 8:6-13).

 

El amor de pacto es fuerte. Dice “Entrego mi vida por ti” (1ª Corintios 12:1-8). A través de toda la Biblia vemos que Dios permaneció fiel a su pacto, aun cuando el hombre, el otro pactante, no guardó su parte del mismo. El amor de pacto es fiel, no importa lo que la otra parte está haciendo. La razón de todo es que cualquier pacto contiene promesas, términos y condiciones. Cuando las personas entran en un pacto, se prometen ciertas cosas el uno al otro, y declaran las condiciones bajo las cuales guardaban sus promesas. Si uno de los pactantes no es fiel a sus promesas, esto no hace que el otro incumpla en las suyas. A través de todo el Antiguo Testamento vemos como Dios, el socio fiel en el pacto, trata de alcanzar a Israel, el pactante infiel. La infidelidad de Israel no cambio lo que Dios sentía en su corazón hacia él. Dios sigue firme en su propósito hacia Israel, le sigue amando, y sigue con sus trazos extendidos hacia él hasta este día.

La Biblia conoce el matrimonio como una relación de pacto (“...Siendo ella la compañera y la mujer de tu pacto” Malaquías 2:14). Al casarte, tú tomaste parte en un pacto. Como parte de la ceremonia, tú y tu cónyuge se hicieron promesas el uno al otro. Las palabras diferirán de una ceremonia a otra, pero usualmente incluyen algo así como “amor, honor, obediencia, cuidado” etc.… y tu ceremonia incluyó ciertos términos. Por ejemplo, “para bien o para mal; en las abundancia o en la escasez, en salud y en la enfermedad”. Y posiblemente las promesas y condiciones concluyeron con las siguientes palabras, “hasta que la muerte nos separe”. A todo esto se le conoce como votos matrimoniales. La Biblia ciertamente nos comparte algo relacionado con los votos: ”Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla porque ÉL no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” Eclesiastés 5:4-5.

La mayoría de nosotros no sabíamos nada acerca de todo esto al casarnos. Si todo fue normal, nos sentimos nerviosos y ni siquiera nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo. Pero Dios sí estaba escuchando. Recuerdo que poco después de que nuestro matrimonio fuera sanado, una amiga pasó a felicitarme por el buen trabajo que había hecho al mantenerme firme esperando la sanidad de mi matrimonio. A medida que la escuchaba, comencé a pensar lo buena que yo era y todo lo que había sufrido. Aun pensé que Dios estaría orgulloso de contar conmigo en su equipo. Después de todo, pensé ¿Cuántos otros habrían permanecido fieles a Su Palabra? De regreso de casa de mi amiga, el Señor habló a mi corazón de una manera suave y me dijo: “¿Qué de más hiciste al mantenerte firme por tu matrimonio que no hubieses prometido el día de tu boda?”.

De repente, me di cuenta que Dios había estado escuchando lo que dijimos el día de nuestra boda, mucho antes que nosotros le conociéramos, y que

había anotado todo lo que dijimos. Cuando se presentó la parte “para mal”, ÉL permaneció fiel a su compromiso en nuestro matrimonio y esperaba que nosotros también lo hiciéramos. Parece tan poco común en estos días de matrimonio y divorcios instantáneos que nadie se preocupa por luchar por guardar el matrimonio, pero conforme a la norma de Dios, es todo lo contrario.

En el último capítulo he mencionado que no podíamos encontrar aliento para sanidad de parte de nuestro pastor o los consejeros. Aún nuestro amigo quien era nacido de nuevo, lleno de Espíritu y sirviendo al Señor de manera poderosa había declarado la muerte de nuestro matrimonio por causa del adulterio. No obstante, Dios tenía normas diferentes. Al regresar a casa después de haber recibido el último consejo, me prepare para el divorcio, el cual parecía inevitable. El amor humano que sentía por mi cónyuge había muerto, debido a las constantes agresiones que había recibido. Pensé que si Dios sabía que este matrimonio estaba muerto y que ÉL me daría otro cónyuge, más valía seguir la corriente y salir de todo esto.

Cuando recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, ÉL entra en nosotros y habla a nuestros corazones conforme a su Palabra. Nunca he escuchado su voz en forma audible, pero no tengo dificultad para entender cuando ÉL me habla desde dentro. Aquel día ÉL me habló y me llevó a una parte de la Escritura que no recuerdo haber leído antes. “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido, y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido y que el marido no abandone a su mujer” (1ª de Corintios 7:10-11).

Quede estupefacta cuando leí dicho versículo. No podía imaginarme que Dios estuviera siendo tan duro en todo esto. De inmediato me puse a buscar los versículos que me había dado nuestro amigo como “salida” para divorciarme y volverme a casar. Se los mostré al Señor y le pregunte que pensaba acerca de ellos. Suavemente volvió a llevarme a 1ª de Corintios 7:10-11, y me dijo, “Esto es mi norma. Tienes que tomar una decisión y yo estaré contigo en la que tú elijas. Si decides permanecer sin casarte, yo seré tu cónyuge. Yo cuidaré tus hijos como un padre. Nunca te faltará nada, ni a ellos tampoco. Te proveeré lo necesario como nunca lo haría un cónyuge terrenal. Pero si decides reconciliarte, yo te llevaré a la victoria”.

Inmediatamente recordé aquellas Escritura “No temas pues no serás confundida y no te avergüences, porque no serás afrentada sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria. Porque tu marido es tu Hacedor, Jehová de los ejércitos es su nombre y tu Redentor, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra será llamado” (Isaías 54:4-6). “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada” (Salmo 65:5). Sabía que Dios respaldaría lo que me estaba diciendo.

No me tomó mucho tiempo hacer la elección. No quería permanecer sin casarme. Tenía dos hijos y uno más en camino. Quería tener un hogar con cónyuge y padre de mis hijos. Quería nuestro matrimonio, y le dije al Señor, “Quiero reconciliarme con mi cónyuge, pero no sé cómo. Ni siquiera puedo encontrar a alguien que me diga que es posible”. “Yo digo que es posible”. Fue su sola respuesta, “Y te enseñaré cómo”.

Tu matrimonio es una relación de pacto, el reflejo del pacto del Dios de amor eterno. Satanás odia la unidad y el poder del pacto y por ello, trata de destruir todo los matrimonios que pueda (Juan 10:10). Lo que tú hayas hecho o no, puede haber contribuido al fracaso de tu matrimonio, pero no es la causa. Tu matrimonio ha estado en la mira de Satanás y en esas fuerzas de destrucción. Las circunstancias que ahora enfrentas son solamente sus medios de lucha. El nombre de Jesús sigue siendo el Nombre sobre todo los nombres. ¿Cuál es el nombre de la circunstancia que ahora enfrentas? ¿Adulterio? ¿Alcoholismo? ¿Homosexualidad? ¿Incesto? Cualquiera que sea el nombre, está por debajo del nombre de Jesús. Y la Escritura dice que todo y todos se inclinarán al nombre de Jesús. “Por lo cual Dios

también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2:9-11).

 

LA TÁCTICA PRINCIPAL DE SATANÁS ES TRATAR

DE CONVENCERTE QUE ESTO

ES DEMASIADO GRANDE PARA DIOS.

¡Es pura mentira!

Tú participas del pacto de Dios por medio de la sangre de Jesús, y es parte de una relación de pacto ordenado

por Dios aquí en la tierra.

Qué tiene el infierno contra esto?

 

Después de leer lo anterior, el enemigo puede decirte lo siguiente. “Pero ¿ esté matrimonio es ordenado por Dios? ¿ Dios lo quiere sanar? Tal vez no sea un caso de esos en donde “lo que Dios unió”. Si Dios tuviera parte en esto, ¿estaría así de mal?”

Solamente recuerdo esto, Dios es el origen del matrimonio, no el diablo. Cuando una pareja decide casarse, ha escogido el plan de Dios. Desde ese momento están en matrimonio, y Dios tiene el compromiso de colaborar con ellos para hacer que ese plan tenga éxito. “Lo que Dios unió” no significa solamente a aquellos a los que Dios le ha dicho que se casen. Eso es lo mejor, porque estarían justo en el centro de la voluntad de Dios, pero muy pocos lo buscan diligentemente para encontrar cónyuge. Muchas parejas, incluyéndonos a nosotros, nos casamos en lascivia y Dios no tuvo parte en ello. Pero eso no cambia su compromiso de pacto de amor y fidelidad. Es la voluntad de Dios que todas las personas estén en pacto con ÉL, y que todos los matrimonios tengan su cimiento en ÉL. Cuando no se cumplen con estos requisitos, de todas maneras ÉL sigue estando 100% con las parejas y por el matrimonio. Terminar un matrimonio diciendo que Dios no está en éste es estar tan equivocado como decir que se aborta un embarazo porque la criatura no estaba planeada. Una vez que existe una relación de pacto, deja que Dios te muestre como llevarla a la plenitud en ÉL. Dios es fiel con aquellos que están en pacto con ÉL, aun cuando nosotros le fallamos. Su deseo es para que aprendamos a ser fieles a nuestro cónyuge aun cuando éste nos falle.

“Señor Jesús, enséñame lo que es un pacto. Enséñame a permanecer fuerte y fiel a mi palabra, aun cuando mi cónyuge no lo sea. Quiero conocer tu corazón en lo concerniente a un pacto. Quiero ver mi matrimonio tal como tú lo ves. Mi amor se siente dañado ahora mismo. No puedo yo solo/a. En este momento no siento deseos de amar ni dar nada. Por favor, ayúdame Señor. Voy a descansar en ti. Amén.”

 

DOLOR

 

En este momento tú sientes dolor, tanto dolor que no sabes si algún día cesará ese dolor. Te comprendo, he pasado por ahí. Pero déjame asegurarte una cosa, ese dolor cesará, cuando Jesús nos sana, ÉL hace la obra completa.

 

Un día que estaba pidiendo a Dios en pleno dolor, Jesús me llevó por medio de la Escritura al jardín de Getsemaní (Marcos 14:32-42). Por primera vez me di cuenta del dolor que ÉL había sufrido allí. En el momento en que ÉL más necesitaba del amor y la consolación de alguien, sus apóstoles no podían ni siquiera mantenerse despiertos. No comprendían su dolor, ni siquiera les importaba. Habían cenado demasiado y era tarde y lo único que querían era dormir.

¿Te parece que nadie sabe cómo te sientes en estos momentos? ¿Sientes que nadie se da cuenta, por lo que tú estás pasado? Jesús sí lo sabe y le interesa. ÉL conoce tu soledad, el rechazo que sientes ahora y el dolor. ÉL lo ha llevado para que tú no tengas que cargarlo. ÉL sintió tal agonía, que aun su sudor caía a la tierra como gotas de sangre. ÉL padeció la falta de consuelo, para que tú fueses confortado/a. Deja que ÉL te conforte ahora, el salmo 144, verso 2 dice que el Señor es “misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, mi escudo, en quien he confiado” Ahora mismo vuélvete a ÉL. Deja que ÉL sea tu refugio, tu fortaleza, tu escudo. ÉL te ama mucho. Solo ÉL puede comprender el dolor que sientes ahora. Deja que ÉL te consuele.

Jesús me mostró algo que le paso a ÉL en el huerto de Getsemaní. ÉL fue traicionado por alguien a quien ÉL amaba y fue traicionado en el nombre del amor con un beso (Mateo 26:47-50). Aquel a quien tanto tú amas te ha traicionado también. Jesús sabe cómo te sientes. ÉL también ha experimentado la humillación y la vergüenza. ÉL ha llevado todo eso para que tú no tengas que cargarlo. Cuando ÉL fue a la cruz no solamente clavó allí tu pecado, sino que también llevó tu humillación, la vergüenza y la traición. Hebreos 12:2-3 dice: “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe el cual por el gozo puesto delante de ÉL sufrió la cruz, menospreciando el oprobio y se sentó a la diestra de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”.

Cuando el Espíritu Santo inspiró a Pablo para que escribiera esas palabras, ÉL te tenía a ti en mente. ÉL sabía del dolor que estarías experimentando ahora. ÉL quiere que vuelvas tus ojos a Jesús. Fue por eso que se escribieron tales palabras- para que tú supieras que hacer cuando esta hora de tu vida llegará.

Antes de siquiera intentar que tu matrimonio sea sanado, necesitas dejar que Jesús te consuele y te sane a ti. Comienza a leer los Salmos, David conoció el rechazo y el dolor. Pero también sabía de donde venía su socorro. Lee como David clamó al Señor y alabó su nombre en medio de sus problemas.

La alabanza es un medio eficaz de sanidad. No se puede alabar a Dios con todo tu corazón y permanecer herido. Al principio si será verdaderamente un sacrificio de alabanza (Hebreos 13:15), no sentirás el menor deseo de hacerlo. Pero una vez que te disciplines en iniciar la alabanza te darás cuenta que empezarás a entrar en la presencia del Señor y allí comenzará tu sanidad.

La clave de la sanidad es permanecer en la presencia de Jesús. Alábalo por lo que es y por lo que ha hecho. Quita la vista de tus problemas y circunstancias y vuélvete a Jesús. Conócele como nunca antes le habías conocido. Comienza a ver estos momentos como algo especial en tu vida, en los que tú puedes estar cada vez más cerca de ÉL.

Una de las cosas que pasaron cuando me decidí por mi cónyuge y la sanidad de nuestro matrimonio, fue que conocí a Jesús de tal forma que tal vez no me habría sido posible, si no hubiera sido forzada por las circunstancias para sí

depender totalmente del Señor. Llegue a conocer su inmenso amor por mí, su disposición constante, su corazón siempre igual. ÉL fue mi Roca en medio de la tormenta. Nadie podrá jamás quitarme esa relación de amor que desarrollamos durante esos momentos de necesidad. Ahora conozco a Jesús en una forma más profunda en los momentos de paz, porque he llegado a conocerlo bien en los momentos de dificultad.

Acércate a Jesús. Acércate y conócele como nunca lo has hecho. Ve este momento como una oportunidad, no como un problema. Permite que Jesús te consuele y te sane. ÉL ya ha llevado tu dolor cuando fue a la cruz por ti. NO tienes que cargar tu dolor más. Entrégaselo a ÉL y deja que ÉL te levante con Su poder. “Más yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová, porque desechada te llamaron diciendo esta es Sion, de la que nadie se acuerda” (Jeremías 30:17).

Alaba a Dios por quien ÉL es y por lo que ÉL ha hecho. Ofrece sacrificios de alabanza allí en medio de tu dolor y la sanidad fluirá dentro de ti. Pasa tiempo leyendo la Biblia y pídele a Jesús que te hable por medio de su Palabra. Los Salmos son un buen comienzo, lee como David se gozó en el Señor y halló consuelo en ÉL, aun en medio de pruebas tremendas.

Jesús, Tú sabes que siento dolor. Tú mismo sentiste este dolor dentro de Ti. Tú conociste el dolor y el rechazo, la vergüenza y la humillación. Tú llevaste todo ello a la cruz por mí, y ahora te lo entrego todo a ti. ¡Te alabo Señor, alabo tu nombre! Te dedicaré tiempo a ti y Tu Palabra. Consuélame y sáname Señor Jesús. Amén.

 

 

PRESIÓN

 

Estás inmersa/o en un conflicto impresionante. Hasta ahora habías pensado que el problema era entre tú y tu cónyuge. Pero no es así. Es un conflicto entre dos reinos. El reino de Satanás está haciendo guerra contra el reino de Dios por tu cónyuge y tu matrimonio. Dios tiene planes para tu cónyuge. También tiene planes para tu matrimonio. “Porque yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros dice Jehová pensamientos de paz y no de mal para daros el fin que esperáis.” (Jeremías 29:11).

Tu enemigo, el diablo, también tiene planes para tu cónyuge “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo como león rugiente anda alrededor buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8).

 

EL DESEO DE DIOS ES QUE TU CÓNYUGE

SE VUELVA COMPLETAMENTE HACIA ÉL,

Y QUE TU MATRIMONIO SEA RESTAURADO.

 

EL DESEO DEL DIABLO ES QUE TU CÓNYUGE

SE PIERDA POR LA ETERNIDAD

Y QUE TU MATRIMONIO SEA DESTRUIDO.

 

El conflicto es así de sencillo. Las circunstancias particulares de tu cónyuge y la situación de tu matrimonio, son solamente los medios de guerra que el enemigo ha decidido usar en tu contra. El diablo conoce las debilidades de cada uno. Conoce que es lo que os hace más daño. El enemigo no pelea limpio. Os patea cuando estáis caídos. Golpea lo más duro cuando uno se encuentra más indefenso; pero está limitado en sus medio de batalla. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir sino que dará también juntamente con la tentación la salida para que podáis soportar” (1ª de Corintios 10:13). El diablo está limitado en cuanto a armamento. Solamente puede atacarte con armas carnales – cosas que son comunes a todo hombre. NO puede utilizar medios sobrenaturales para luchar contra ti, y Dios ha prometido una salida para cada ataque del enemigo.

No obstante, la Escritura tiene grandes promesas para ti con relación al armamento “pues aunque andamos en la carne no militamos según la carne porque las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas derribando argumentos y todo altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” (2ª de Corintios 10:3-5). Dios te ha provisto de armas que son sobrenaturales y poderosas para luchar contra el diablo.

La clave es permanecer en el Espíritu y luchar la batalla totalmente en el Espíritu. El diablo es el amo de la carne. ÉL conoce tu carne mejor de lo que tú mismo la conoces. Si tratas de luchar en la carne, el diablo te ganará vez tras vez. Si permaneces en el Espíritu tú ganarás siempre.

¿Qué significa andar en el Espíritu? Bueno, tu cónyuge está haciendo y diciendo cosas malas ahora mismo. Necesitas recordar continuamente que tu lucha no es contra tu cónyuge. Lee Efesios 6:12. No estás peleando contra la carne o la sangre. Tu cónyuge no es el enemigo, el enemigo es Satanás. Por lo tanto, andar en el Espíritu significa que cuando veas u oigas que tu cónyuge dice o hace cosas malas, tú no debes reaccionar a la carne. Gritar, exclamar, contender y amenazar, son medios carnales de hacerle frente al problema.

Reconoce ahora que tú estás batallando contra el reino del infierno por tu cónyuge y tu matrimonio. Permanecer en el Espíritu significa que lucharás una batalla espiritual en contra del verdadero enemigo, el diablo, y que no vas a luchar en la carne contra tu cónyuge. Piensa en tu cónyuge como un prisionero/a

de guerra en campo enemigo. La guerra espiritual será el medio para liberar a tu cónyuge.

Las circunstancias son las principales armas de tu enemigo. Una de sus mejores trampas es hacer que tú fijes tus ojos en las circunstancias y que quites tu vista de Jesús. ¿Cuál es la batalla de hoy? ¿Tu cónyuge está moviendo el divorcio? ¿Tu cónyuge se encuentra en la cárcel? ¿Estás teniendo conflictos por la custodia de tus hijos? Cualquiera que sea lo que estés enfrentando, es una circunstancia. No permitas que la circunstancia te controle. En vez de esto, comienza a hacer que la marea se vuelva en contra de las circunstancias, luchando contra el verdadero enemigo mediante la oración.

Ahora, este tipo de guerra va a requerir de conocimiento y discernimiento. No significa el decir, “Señor, por favor, bendice nuestro matrimonio. Gracias. Amen” Lo que hay que hacer es identificar los espíritus demoníacos que están en operación, y ponerte tu armadura espiritual e ir contra ellos en el nombre de Jesús. Es una guerra activa, no una guerra pasiva en la que vas a reclinarte en tu silla y solamente esperar.

El propósito de este libro no es el de enseñarte las profundidades de la guerra espiritual que vas a tener que luchar. Existen muchos libros cristianos muy buenos que te pueden enseñar lo que debe saber. También puedes pedirle a tu pastor que te recomiende alguno.

El propósito de este libro es el de ayudarte a que te equipes para las batallas que tienes por delante. Antes de que Jesús ascendiera a los cielos, les dijo a sus discípulos que esperaran en Jerusalén para ser bautizados en el Espíritu Santo (Hechos 1:4-5). Les prometió que recibirían poder sobre ellos cuando esto sucediera (Hechos 1:8). Aquellos a quienes se dirigió ya habían nacido de nuevo cuando se les apareció después de su muerte y resurrección (Juan 20:22). Era obvio, conforme a lo que señala el primer capítulo de Hechos que Jesús les estaba hablando de otra experiencia separada para ellos. Lee los capítulos 1 y 2 de los Hechos.

¿Puedes notar la sorprendente transformación de la gente? Aquellos que habían sido tan miedosos y que aun habían negado a Jesús, repentinamente se convirtieron en valientes y proclamaron el Evangelio sin ningún temor. Al descender el Espíritu Santo sobre ellos con poder, ÉL les confirmo su presencia, dándoles nuevas lenguas a todos aquellos que la recibieron.

Romanos 8:26, 27 dice “Y de igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. Cuando no sabemos cómo orar, el Espíritu Santo sabe cómo orar conforme a la perfecta voluntad de Dios por medio de nosotros.

“Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (2ª de Corintios 14:14). Durante este tiempo de prueba en tu vida, es necesario que puedas orar sin que tu mente pueda entender. Va a haber demasiadas circunstancias que te van a confundir. Va a haber mucha gente que te va a dar diferentes consejos. Y debes saber lo que Dios dice sobre cada situación. La única forma de hacerlo es que el Espíritu Santo ore conforme a la perfecta voluntad de Dios para ti y tu familia en cada situación.

Al leer el libro de los Hechos, podrás ver que el bautismo o la llenura en el Espíritu Santo se presentó vez tras vez. No fue experiencia de una sola vez en la historia de la iglesia, ni tampoco Dios la ha reservado para unos cuantos escogidos. El mismo poder que estuvo disponible para ellos, también lo está para ti. Todo lo que tienes que hacer es pedir (Lucas 11:11-13).

Si es tu deseo que el Espíritu Santo descienda sobre ti con poder, ahora mismo, haz esta oración:

“Jesús, te he recibido como mi Señor y Salvador. Renuncio a todas las obras del enemigo que hayan sido parte de mi vida. Y te pido que me bautices con tu Espíritu Santo.”

Al hacer esta oración, espera la respuesta del Señor. Deja que el Espíritu Santo te llene hasta rebosar. Muy pronto nuevas palabras florecerán de dentro de ti. Recuerda, las palabras saldrán de tu espíritu, no de tu cerebro. No trates de entenderlas o analizarlas. Simplemente abre tu boca y comienza a alabar a Dios. Permite que las nuevas lenguas que Dios te ha dado comiencen a fluir en alabanza.

Tú tienes completo control de este nuevo lenguaje. Podrás comenzar a orar cuando lo desees, cuando así lo quieras. No es algo incontrolable que viene sobre ti. Tienes el mismo control sobre ello que cuando hablas en tu lengua natal. La diferencia es que esta nueva lengua es un lenguaje privado entre tú y Dios.

También puedes cantar en tu nueva lengua. Escoge un himno que realmente te llene y comienza a cantar en tu nueva lengua. NO podrás comprender lo que estás diciendo pero Dios sí lo entiende. Cántale a ÉL, alábale, ora a ÉL. Mientras más utilices esta lengua que Dios te ha dado, mejor fluirá en ti. No te sientas mal si al principio solo dices una o dos palabras... Mientras más las uses, más palabras te serán dadas.

Hay varias cosas que habrán pasado una vez que has sido lleno del Espíritu Santo. La Escritura tomará una nueva dimensión para tu vida. Te darás cuenta que tu anhelo por alabar y adorar al Señor ha aumentado. Comenzarás a desarrollar una relación más profunda con el Espíritu Santo. ÉL es Tu Maestro (Juan 14:26), es El Consolador (Juan 16:7). ÉL siempre exalta a Jesús y te enseñará a que tú también lo exaltes en tu vida. Aprende a escuchar la voz del Espíritu Santo. A través de la oración en tu lenguaje de oración (en lenguas). ÉL te va a dirigir a la voluntad de Dios en cada aspecto de tu vida.

“Señor Jesús, gracias por el Espíritu Santo. Gracias por esta nueva dimensión en mi caminar contigo. Ayúdame a recordar diariamente que mi lucha no es contra sangre ni carne. Ayúdame a no reaccionar a las circunstancias, sean buenas o malas, sino sólo a mantener mis ojos puestos en ti.”

“Espíritu Santo, enséñame, aconséjame, confórtame. Yo sé que Tú estás orando la perfecta voluntad de Dios a través de mí, cuando yo oro en la nueva lengua que he recibido. Ayúdame a discernir Tu voluntad para cada área de mi vida. Ayúdame a luchar la guerra espiritual contra mi verdadero enemigo, el diablo. Amén”.

 

 

VISIÓN BORROSA

 

Ahora que sabes quién es tu verdadero enemigo, es tiempo de aprender a amar a tu cónyuge tal como Dios lo ama, con amor AGAPE, con frágil amor humano.

Romanos 2:4 dice que la misericordia (o bondad) de Dios nos lleva al arrepentimiento. Dios nos ama para llevarnos a su reino. Cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). Tu cónyuge necesita conocer el incondicional amor de Dios. NO importa que sea lo que tu cónyuge haga, el amor de Dios no ha cambiado.

Si tú andas siempre buscando tu propia justicia y juzgando a tu cónyuge, dará la impresión que el dios que tú presentas es igual. Esa clase de orgullo espiritual no va a atraer a nadie al reino de Dios.

A los ojos de Dios, tu pecado de autojusticia no es más pequeño que el “pecadote” de tu cónyuge, Dios no distingue entre pecaditos y pecadotes. Para Dios el pecado es pecado. He escuchado a muchas personas pedir cuando están orando que su cónyuge nazca de nuevo y que su matrimonio sea sanado, y luego las he visto tratar a su cónyuge como si fuera basura. Esa no es la forma como Dios le ve a él, y no va a honrar la forma como tú le tratas. Si has estado haciendo esto, necesitas arrepentirte.

Tú necesitas querer perdonar a tu cónyuge. Probablemente no te nazca realmente hacer esto ahora. Y probablemente no lo sientas por algún tiempo. Pero eso es lo que Dios quiere que tú hagas, y esa es su voluntad para ti (Mateo 6:14-15). Pon tu voluntad en línea con la de Dios y situate en posición de perdonar a tu cónyuge. Entrégale a Dios tu dolor y permite que ÉL comience a cambiar tu corazón. Los sentimientos continuarán. No dejes que estos tomen la delantera.

Comienza a ver a tu cónyuge como Dios lo ve. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros- UNA VISIÓN DE FE que ÉL mantiene en su corazón, esperando que alguien en la tierra esté de acuerdo con ÉL para entregársela. Cuando Abraham estuvo dispuesto a creer en la promesa de Dios con relación a su hijo y creyó en lo que Dios le había dicho, la promesa se cumplió. La promesa de Dios se materializó en el hijo de Abraham, Isaac.

Dios tiene un plan para tu cónyuge. Dios ve a tu cónyuge a través de ojos sobrenaturales y ÉL desea que tú también lo veas de la misma forma. Dios quiere que tu visión espiritual sea perfecta.

Hasta ahora tú has visto como es tu cónyuge y lo has aceptado como una realidad en esta situación. NO ha sido difícil notar que tu cónyuge y tu matrimonio no son lo que deberían ser.

Puede ser que también te veas a ti mismo con un sentido negativo. Quizá en tu mente repasas una y otra vez errores que has cometido, cosas que has dicho y hecho que quisieras poder cambiar ahora. Es necesario que comiences a verte a ti mismo, a tu cónyuge y a tu matrimonio en la forma como Dios os ve.

Durante el tiempo que esperaba firme por la sanidad de nuestro matrimonio, todo iba bien mientras Michael estaba fuera de la casa. Leía la Palabra, oraba en el Espíritu, alababa a Dios y luchaba espiritualmente. Tomaba la decisión de que la próxima vez que viera a Michael le iba a mostrar el amor incondicional de Dios. No pelearía con él, no caminaría en la carne. Luego Michael llegaba a casa, me decía alguna grosería y allí comenzaba la pelea. En breve se volvía a ir de casa, no sin antes decir algo como “Nunca vas a cambiar. Siempre serás la misma. Dices que Jesús ha cambiado tu vida, pero yo no lo veo en ningún lado”.

Inmediatamente me pesaban mis palabras y acciones y me arrepentía de haber reaccionado en la carne. Le pedía a Dios que me ayudará a ser mejor en la siguiente ocasión (si es que había una siguiente ocasión), luego pasaba llorando las siguientes dos horas porque creía que había echado a perder la sanidad de nuestro matrimonio.

En una ocasión durante una repetición de estas situaciones, el Señor habló a mi corazón. Me dijo que el motivo por el cual yo no podía tratar a Michael con amor incondicional, era porque yo lo veía como él era y porque yo reaccionaba a lo que mis ojos veían. Me dijo que su palabra no había sido una revelación para mí, sino que la mencionaba sin propósito alguno.

Lee Lucas 4:1-13. Cuando el diablo tentó a Jesús, escogió cosas que tenían significado para ÉL. Después de tan largo ayuno, Jesús sintió hambre y por lo tanto, el pan sería una tentación real. Jesús había venido para recuperar los reinos del mundo, así que, también eso era una tentación válida. Jesús había dejado la gloria que poseía en el cielo, para convertirse en siervo en la tierra (FIL.2:6.8). La tercera tentación era válida también, ya que retaba a que Jesús probara lo que ÉL era.

En respuesta a cada una de las tentaciones, Jesús respondió con las Escrituras. NO acordó nada con Satanás, ni se puso a discutir con él. Jesús utilizó la Palabra como una espada (Efesios 6:17) y combatió a Satanás en el plano espiritual. El motivo por el cual Jesús podía hacer eso con tanto éxito, es porque sabía lo que la Palabra de Dios tenía que decir acerca de cada circunstancia. La Palabra de Dios era su regla y la usó para medir todo y a todos.

¿Sabes tú cómo ve Dios a tu cónyuge? El día que el Señor me dijo que su Palabra todavía no era revelación para mí, me di cuenta que yo no veía a Michael como ÉL lo veía. Yo le pedí que me mostrara a Michael desde el punto de vista de su Palabra, para estar de acuerdo con ÉL. Y me llevó a 1ª de Timoteo 3:2-4 “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad”. Tengo que confesar que cuando leí esta parte de la Escritura no podía creerlo. Mi cónyuge era un alcohólico en adulterio. El aborrecía las cosas de Dios y se burlaba de mi convicción. Leí el pasaje y dije “Señor ¿estamos hablando los dos del mismo hombre?”.

Luego, el Señor me dijo algo que es tan importante que espero que entiendas su profundidad. Me dijo “Marilyn, así es como yo lo veo. Él debería ser un predicador y maestro de la Palabra. Otros llegarán a mí a través de él. Puedes estar de acuerdo con el diablo en que Michael es lo que ven tus ojos naturales, o puedes estar de acuerdo con mi Palabra y verlo con los ojos espirituales”.

Estaba asombrada, hasta ese momento yo había orado a Dios para que de alguna manera trajera a Michael a su reino. Pensé que si tan solo se acercaba a un templo o escuchara alguna de las reuniones de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, a lo mejor podría recibir a Jesús. En mi espíritu siempre había visto a Michael solo llegando de “panzazo”. De pronto, me di cuenta que tan lejos y por debajo estaba mi visión de la visión de Dios. Me arrepentí de inmediato y escribí el versículo de la Biblia con el nombre de Michael en todas partes donde aparecía la palabra “Obispo”. Comencé a pedirle a Dios que me diera más versículos para Michael, y anoté el nombre de Michael en todos ellos. Y luego Dios me enseñó algo más.

Me llevó a Génesis capítulo 1 y me guió a través de la creación del mundo. Luego me dijo “Si yo siendo Dios, debo hablar para que las cosas sucedan, ¿Qué te hace pensar que tú con solo pensarlas podrás hacer que pasen?”.

Me di cuenta de que cuando oraba la Palabra de Dios por Michael, simplemente me sentaba silenciosamente pensándolo en la mente. Comencé a darme cuenta de que debía yo confesar esas palabras en voz alta para que la promesa se cumpliera. Ese día comencé a orar la Palabra en voz alta diciendo, “MICHAEL ES…” Oré vez tras vez la Palabra diariamente y cada vez que me imaginaba cómo Dios estaría obrando en él en alguna parte donde él estuviera. ¡Caramba! ¡Qué si iba a haber un cambio la siguiente vez que lo vi!

Ocurrieron las cosas más curiosas. Un día llegó Michael a casa con el mismo saludo grosero. Recuerdo que estaba yo de pie en el pasillo, observándolo y

pensé para mí misma. “Me pregunto por qué dijo eso. Él no es así” De pronto me di cuenta que la Palabra de Dios se había convertido en revelación para mí. El hombre que yo sabía que era Michael conforme a la Palabra de Dios, era más real que aquél que estaba de pie frente a mí, atado temporalmente por el enemigo. Todo el tiempo pensé que Dios estaba cambiando a Michael, pero ¡me estaba cambiando a mí! Dios estaba obrando en mi corazón para que yo viera a Michael como ÉL lo veía.

Desde ese momento en adelante, nada podría cambiar la forma en que yo me sentía respecto a mi cónyuge. Lo podía amar con incondicional amor ágape porque yo sabía lo que él era en Cristo Jesús. Las palabras de su boca y sus acciones eran fácilmente identificables como la obra del enemigo. Cuando decía “Te odio y quisiera no haberte conocido nunca” Yo sabía que eso era lo que Satanás sentía contra mí. ¡Ciertamente no era aquel hombre piadoso que iba a predicar y enseñar en el nombre del Señor!

Habrían de ocurrir otras cosas más difíciles en nuestra vida, pero el enemigo no podría moverme del conocimiento de la promesa de Dios para Michael. No importaba que fuera lo que el enemigo me lanzará, yo siempre citaba, “Escrito está…” la Palabra de Dios era revelación para mi vida.

Deja que la Palabra del Señor sea también revelación para ti. Pregúntale como es que ÉL ve a tu cónyuge. Escribe esos versículos y confiésalos en voz alta diariamente. Deja que la fe llegue por el oír (Romanos 10:17). Mientras más las confieses, más las escucharas tú, y más creerás tú lo que Dios dice.

También necesitas verte a ti mismo/a como Dios te ve. No importa lo malo que hayas hecho en el pasado, te fue perdonado al momento en que tú te arrepentiste. No dejes que el diablo te moleste diciendo que no eres lo suficientemente bueno/a para que tu matrimonio sea sanado. La sanidad de tu matrimonio está basada en la perfección en Cristo, no en la tuya propia. Tu responsabilidad solo es la obediencia y el arrepentimiento cuando hayas fallado al obedecer. Eso es lo que hará que la voluntad de Dios se llegue a cumplir en tu hogar. También pregunta a Dios como te ve a ti. Escribe esos versículos con tu nombre incluido. Confiésalos en voz alta, deja que tus oídos escuchen como Dios ve a ese/a hermoso/a hijo/a: ¡TÚ!

“Señor te doy gracias por tu Palabra. Te doy gracias porque tú guardas tu Palabra. En este día me pongo de acuerdo con tu Palabra sobre nuestro matrimonio y nuestra familia. YO no haré caso a la voz del enemigo. Estaré de acuerdo contigo. Deja que tu incondicional amor ágape fluya de mí hacia mi cónyuge. Deja que (Nombre de tu cónyuge) pueda ver a través de la bondad que muestro en Tu Nombre. Amen.”

 

TERAPIA FÍSICA

 

La sanidad va a tardar un poco. Es necesario que le des a Dios todo el tiempo que ÉL requiere. NO te impacientes contigo mismo/a, solamente sigue las instrucciones que Dios te dé, y deja que te sane de dentro hacia fuera.

Dale todo el tiempo que ÉL necesita para obrar en tu cónyuge. No te pongas ansioso/a y no intentes acelerar las cosas ni una pizca. Marcos 4:26-29 habla sobre el plantar una semilla. Léelo ahora mismo.

Date cuenta que estás plantando la semilla de la sanidad matrimonial. Estás plantando buena semilla para levantar una buena cosecha. En Gálatas 6:7-9, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará…No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos”.

Dios tiene un tiempo para la semilla que has plantado. Cuando madure, llegará el momento de la cosecha. Cada siembra tiene su propio tiempo. Cada matrimonio tiene su propio tiempo. NO COMPARES tu matrimonio al de alguien más. Y no trates de levantar tu cosecha antes de tiempo. Dios sabe cuánto tiempo va a tomar el sanar tu matrimonio. Déjalo totalmente en Sus Manos.

Habrá siempre amigos bien intencionados y consejeros que pensarán que ya esperaste demasiado. Te dirán que si Dios iba a hacer algo, ya lo habría hecho. Mantente firme en lo que Dios te ha dicho a ti. Dios da gracia para poder soportar a aquel que está pasando por algo, no a los que simplemente están observando. En 2ª de Corintios 12:9, el Señor le dijo a Pablo “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Dios no solamente te va a dar gracia para poder enfrentar lo que sea necesario, sino que también Su Poder se perfeccionará en tu debilidad.

Considera todo este tiempo de espera por la sanidad como un curso de terapia física. Cuando el cuerpo humano ha sido herido, tiene una tendencia a “endurecerse” a medida que se va sanando. El trabajo del terapeuta físico es el de obligar al cuerpo a moverse, aun cuando este no siente el deseo de hacerlo. A veces es doloroso, y normalmente no es lo que la persona misma haría por cuenta propia si no se forzará a hacerlo.

Tú has sido dañado/a. Tu matrimonio ha sido dañado. Algunas veces es más fácil permanecer allí donde estás con tu dolor, esperando que éste pase. Pero Dios tiene un plan de sanidad, y este plan te va a forzar hacer más allá de lo que tú harías por si solo/a. A través de todo este tiempo ÉL no va a sanar solamente tu matrimonio, sino que te va a hacer crecer a un nivel que probablemente no alcanzarías sin el dolor. Habrá días en los que desearás que Dios te deje allí sentado/a en tu miseria. No obstante, de manera similar a la de un hábil terapeuta físico, Dios te va a ayudar a ir más allá de tus propios límites. Su plan es llevarte a una vibrante integridad y salud en tu matrimonio que refleje Su Gloria. ÉL no está haciendo esto solo por ti. Dios tiene un llamamiento para la vida de los dos en el matrimonio, y Su plan es tocar a muchos otros a través de los dos.

Si tú te estás manteniendo firme por la sanidad de tu matrimonio solo para ti mismo/a, habrá ocasiones en que te sentirás más a gusto olvidándote de todo el asunto. Por otro lado, si te das cuenta que hay un propósito de Dios en todo esto, tendrás el valor y el coraje para permitir que Dios haga lo que ÉL necesita hacer, aun cuando duela.

El tiempo que tardó la sanidad de nuestro matrimonio parece poco en comparación con el gozo que Dios ha puesto en nuestras vidas. Parece que ÉL verdaderamente ha redimido el tiempo y ha logrado más en nosotros y a través de nosotros, desde nuestra reconciliación, que lo que pudiera haberse logrado si no le hubiéramos dado a ÉL esos años para sanarnos. El gozo de los años de espera es mucho mayor al tiempo que realmente tardó.

Actualmente Michael es el verdadero hombre piadoso del que Dios me habló hace años. Es nacido de nuevo, lleno del Espíritu Santo, ardiendo con el fuego del Señor. Es predicador y maestro de la Palabra, y ha llevado a muchos a los pies de Cristo, tal como el Señor lo dijo. Dios nos ha establecido como pareja en un ministerio para matrimonios, y hemos visto como el Señor ha tocado miles de vidas por medio de nosotros. Dios ha comenzado a expandir el ministerio en todo el mundo, haciendo que más y más parejas conozcan de Su amor por ellos. Hubiera sido un tremendo desperdicio si hubiéramos dejado que Satanás destruyera nuestro matrimonio.

Dios también tiene un plan para vosotros dos. Se os ha dado una tarea que es vuestra solamente. La victoria que se gane en tu hogar, va a ministrar a más personas de lo que puedes imaginarte.

“Señor Jesús, te doy permiso para que hagas lo que Tú necesitas hacer dentro de mi vida. Yo sé que a veces será doloroso, pero estoy dispuesto/a a dejar que me lleves más allá de mi zona de comodidad. Moldéame, Señor, a Tu imagen. Úsame, Señor, para la gloria de Tu Nombre. Y Padre, cuando nuestro matrimonio se haya reconciliado y haya sido sanado, úsanos como equipo de una sola carne para llevar Tu amor y sanidad a otros. Dame la visión para ese plan futuro. En el nombre de Jesús. Amén”

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